tú, ya no joven
tú, ya no bella,
descubre en ti
el rescoldo que queda
de la hoguera de tu plenitud
y te erige a la dignidad
de una palabra de deseo
mimosa como una ofrenda,
quizá vio en el fondo de tus ojos
el brillo de esbelto tiempo
que aún vive en ti
que aún vive en ti
en que en su apogeo
tu ser ardió cada molécula
mientras amaste y te amaron.
Y aquél que no conoces
de pronto pasa y te mira
y su palabra tentadora
no te sonroja, no,
te devuelve un renuevo
te devuelve un renuevo
fresco y sonriente
del don divino
de la amorosa
ilusión.
de la amorosa
ilusión.

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