Izar también las tristezas
que van veladas en alegrías
desde tu oreo resuenan
se liberan las agonías,
eres honda costumbre
de cuerdas y de clavijas
y no se sabe porqué
ni por quién las alegorías
sólo te impulsa el viento
con halago y con caricia.
Y de tu boca, suspiros
entre tu mástil, gorjeos,
encina y arce en el cuerpo
y dulce regusto de versos;
calandria con alma y cielo
el rasgueo de aedo diestro
en ti encuentra su tierra
y en ella todas las tierras.

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