Ciudadana del mundo, de aqui y de allá. Enamorada de la vida y agradecida de Dios. Le canto al amor en todos sus matices.







5/22/2019

Día de la madre



Dejó en el velador un frasco con olor a almendras y un pocillo de galletas. Bajo la almohada quedaron sus anteojos cuidados por un puñado de secretas visiones. A los pies de la cama, un par de zapatillas de oveja para los días fríos, en el respaldo de la silla, un saco blanco a crochet tejido por su hermana junto a una chaqueta de piel negra, atesorada, obsequio de una de sus hijas.
Agregó a la lista una cartera, custodia de algunas cartas amarillas, un pañuelo de seda y un pequeño estuche cuyo interior resguarda la coquetería: Un carmín labial a medio terminar, un espejito con borde azul, un par de pendientes y un prendedor de perlas de río.
Dejó también un montón de canciones dulces y una ristra de versos aprendidos en la infancia, dejo lecciones de cocina y mucha compasión y filantropía, dejo femineidad, distinción y sonrisas, dejo ochenta y tres años de esfuerzo y de cariño, muchos sueños incumplidos y cientos de abrazos puestos en el cuerpo de sus hijos y nietos. Muchos "te quiero y gracias" lanzados al viento, su deleite por las plantas, el rico sabor del té compartido con amigas, algunas caminatas y suspiros por el parque, sobre todo en los días soleados, o en domingo. De sus demás posesiones no se pudo saber más, le fue arrebatado, todo se quedó en el camino, perdido en los rincones de la impiedad y el olvido.
Por ser la menor de sus hijos me legó su mirada, esa media borrosa que sólo ve bien cuando mira para dentro, también me dejó un cofre de madera con sus cenizas, y la terneza de verla aparecer cada día frente a mi espejo a medida que pasan los años.
Con todo eso, yo tengo bastante.
Te quiero por siempre mamá, ¡Feliz Día!

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