Me parece que en Chile, nuestra vertiginosa y eficiente sociedad actual va creando un escenario ideal para la ausencia de la lectura poética. ¿Quién lee hoy poesía? pareciera que casi lo hacemos exclusivamente los mismos poetas, o los académicos muy especializados. En muchas librerías ni siquiera se venden libros de poesía, miles de libros editados, casi todos directamente por cuenta del autor, ventas imposibles, y el público como un receptor ausente. Siento que ese espacio en las estanterías está siendo ocupado gradualmente por los libros de autoayuda que sí se venden, y por supuesto los clásicos que tienen un público cautivo.
La lectura de versos está confinada cada vez más a ciertos y escasos momentos muy específicos y me atrevo a decir que ya no se hace como antes, declamando. Ahora se lee rápido y mal, se ha perdido la disposición a una sensibilidad más profunda y auténtica, de valorar la estética como una vía fructífera desde el lenguaje a la experiencia. La misma idea de “belleza” se ha devaluado por completo, se la equipara con frecuencia a algo agudo, corrosivo o contestatario, una buena frase para un panfleto o una tarjeta, algo simplemente decorativo. Creo que es por eso que una de las pocas "poesías" que es alabada hoy por nuestros jóvenes es la de Nicanor Parra, que lleva años publicando antipoesía, frases ingeniosas y sorpresivas apartadas a propósito de la poética.
Pienso en la poesía no como un ornamento abstracto o accesorio, sino como una necesidad que en el caso de Chile actual, se requiere a gritos. Salir de la simpleza y la vulgaridad generalizada, el predominio absoluto de la eficiencia y la mercantilización de todo. La pérdida de la lectura de poesía tiene mucho que ver con esta limitación general hacia lo útil e instrumentalizable. Por eso la poesía es tan importante, porque un lenguaje no instrumentalizado es el único que nos permite alcanzar algún grado de verdad, llegar a alguna comprensión más fidedigna de nosotros mismos. Pero eso es precisamente lo que la vorágine incesante de nuestra vida moderna no nos deja ver, nos niega su presencia.
La instrumentalización del lenguaje se ha instalado a nivel educativo en Chile, se preocupa sólo de que los estudiantes comprendan lo que leen, escriban textos medianamente legibles y sepan articular un discurso oral más o menos comprensible. La categoría arbitrariamente designada como “no literatura” establecida en los programas educacionales no es más que un intento por desarticular aperturas de mundos, experiencias críticas, posicionamientos éticos y/o estéticos. Hay estudiantes de pedagogía que NO LEEN POESIA, no les interesa y no lo van a enseñar en sus aulas. La posibilidad de acercar esa esquiva “belleza” no debe ni puede ser un criterio al aire en manos de docentes y futuros docentes que no leen ni les interesa la poesía.
Sin embargo, creo que todavía somos muchos los que resistimos en las trincheras de las palabras y no perdemos las esperanzas, aun tenemos fe en nuestros niños, intentemos acercarlos a la poesía y eso aumentará el interés por la lectura, y me refiero también a todos los otros géneros. Esto no es sólo una afirmación caprichosa de mi parte, existe una amplia bibliografía que respalda y destaca la importancia de la poesía en la formación de lectores, en la estimulación creativa e incluso en la construcción de la personalidad.
Josette Jolibert (destacada académica francesa especializada en estos temas) ) sostiene que "la escuela es responsable de instaurar múltiples encuentros entre los niños y los poemas, de hacer sentir y vivir la naturaleza particular de ese encuentro ya que no se lee poesía de la misma manera que se leen historias, devorándolas, sino que se establece una comunicación con lo existencial. Si la escuela no cumple esa función mediadora, la poesía puede permanecer ajena a numerosos niños, sobre todo a aquellos que pertenecen a un medio en el que se lee poco o nada y en el que las urgencias funcionales esconden las necesidades de lo imaginario."
Reencontrarse con los poetas del pasado y del presente es una necesidad , con la poesía popular y literaria, acercarla a la escuela para que los niños tengan oportunidad de disfrutar de los poetas universales, sin ningún otro objetivo que el placer de leerlos. Seguramente antes de llegar a los grandes poetas de la humanidad habrá que comenzar con los que escriben poesía destinada a los niños. El docente tendrá que aguzar mucho más los sentidos para no caer en las trampas de una pseudopoesía llena de diminutivos, rimas fáciles y pobres, con secretas o evidentes alusiones a temas escolares que garabatean aquellos que hacen ejercicio "ilegal" de la literatura.
Nuestros niños son el futuro de nuestras sociedades, dejemos que la poesía entre en sus bibliotecas y volveremos, con seguridad, a un mundo más creativo, humanitario y sensible que tanto nos hace falta a todos.
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