Ciudadana del mundo, de aqui y de allá. Enamorada de la vida y agradecida de Dios. Le canto al amor en todos sus matices.







7/13/2008

Bosques


¿Quién puede contemplar el acto de plantar un árbol sin conmoverse profundamente? Es más una ceremonia que una simple tarea. Encierra una acción que es casi sacramental, pues implica tener fe en la vida y en su continuación.


El mío fue un amor a primera vista; me enamoré del sur de Chile y de sus bosques nativos, de todos los bosques, cualquier bosque, con ese amor que vuelve a las personas egoístas y celosas.

Si me llego a enterar de que alguien está talando árboles indiscriminadamente, haciendo quemas, depredando la flora o hiriendo a la fauna, reacciono cual vívora de cascabel: ¡Aléjate! ¡No vengas! ¡ No entres!...

Los bosques son de todos y de nadie y es nuestra obligación cuidarlos. Quienes aprenden a amar lo salvaje, lo primitivo e intacto están dispuestos a conservarlo tal como es. Para salvar las tierras vírgenes que aun nos quedan, necesitaremos a todos los voluntarios que estén dispuestos a alistarse.

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