arde la pira impotencia,
el fuego quema los puentes,
y en colosal descreimiento
y absoluta incertidumbre
se rueda al despeñadero.
En el país de los ciegos
había también durmientes
y otros montones silentes
disque ahora, justicieros,
estructurada caterva
con vocación de gamberros.
En el país de los ciegos
también hay sordos selectos
echados en sus sillones
acomodados perversos
dispersos egocentristas
y viles desmemoriados.
En el país de los ciegos
repleto de disparidad
erige el tropel a los tuertos
por mordaz requerimiento,
indudables reyes ungidos
de hogaño a la posteridad.

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