Por el bien del espino y de la hormiga,
por la fina hebra de la oruga,
por el vaivén del junco y el grito de la hiena.
En pro de la floresta con su latir primigenio,
para que vivan allí todos los pájaros
y germinen también todas las hierbas.
Por el asno con su labor humilde,
por el quehacer endulzado de la abeja
y por la pura lealtad de las mascotas.
A favor de las aguas y sus bancos de peces,
por la perpetuidad blanca en las montañas,
por las luces claras en cielos limpios.
A favor de sostener el corazón
al asombro originario de las cosas
que son obra bendecida del Supremo.
A favor de sostener el corazón
al asombro originario de las cosas
que son obra bendecida del Supremo.
Para que el hombre olvide tanto apuro
que lo lleva enceguecido, tropezando
en el camino intrincado del progreso.
Volver la mirada al reflejo del prójimo,
al encuentro del ser de buena voluntad
que también se halla dentro de uno mismo.
Para que vivamos sin dolor
y nunca tengan miedo nuestros hijos,
por el cariño filial, por el perdón, por los amigos.
Por los ciclos naturales de la vida,
que la imprudencia cobre otro sentido
más humano, más solidario, más bueno.
Por recobrar lo que se ha perdido,
por el verdadero amor que es libertario
y por la vasta paz, tan justa, tan inmensa.
Volver la mirada al reflejo del prójimo,
al encuentro del ser de buena voluntad
que también se halla dentro de uno mismo.
Para que vivamos sin dolor
y nunca tengan miedo nuestros hijos,
por el cariño filial, por el perdón, por los amigos.
En defensa de todas las razas y los
credos,
en deponer las armas y el conflicto
en pro de tolerancia y de respeto.
Por los ciclos naturales de la vida,
que la imprudencia cobre otro sentido
más humano, más solidario, más bueno.
Por recobrar lo que se ha perdido,
por el verdadero amor que es libertario
y por la vasta paz, tan justa, tan inmensa.
Marysol Salval
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