
La noche va dejando
manto rojizo sobre montañas
que dormitan serenas a su abrigo.
No hay nada en ese proceso
que tema al silencio y al olvido,
la noche sólo cae a su usanza
y es una más de tantas ya tendidas.
Yo celebro a esta hora la penumbra,
a la luna que me mira,
a las estrellas rielantes,
celebro el paso de las nubes
que con el viento danzan
y al aroma dulce de eucalipto
que desde muy lejos me habla.
Poco más que eso
podría yo tener por cierto
en esta vida exigua
que empezó hace un tiempo
y de la que aun me queda
un corto recorrido.
Ya no busco razones
a las cosas que pasan,
me quedo sin respuestas
observando la noche
tan tranquila en silencio,
ella va a la deriva
sobre azules montañas
como el olor a eucalipto
y la luna perlada.
Es lo que me ocupa,
poco más yo tengo
y no me parece poca cosa.
Marysol Salval
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