Yo te encuentro, padre,
en las tardes serenas de la playa,
en la vela de los barcos
y en el olor a madera.
En el queso maduro,
en los frutos secos servidos,
en los pasos decididos
y en las sendas emigrantes.
Yo te encuentro, padre,
En los gajos de la naranja
y en el sabor a mango,
en el invierno frío
y en ciertas noches de desvelo.
Siempre estás en las manos firmes ofrecidas,
en el abrazo sincero y cálido
y en el trabajo arduo.
En la sencillez,
en mis hermanos y en los tuyos,
en la poesía,
y también en las ausencias.
Marysol Salval
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