Señora muerte
Sombra vigía
que inmutada llegas
silente, asida al sino
acechando caminos
eres raptora de vida,
una dama imprevisible
posesiva e impávida
que jamás perdona.
Hoy de nuevo tú,
nos hieren tus andares
ofuscando un haz
en tránsito implacable
hacia tristeza y dolor,
vi dalias marchitas
en jardín antes ungido
de frescura y de vida.
Hemos de recibirte
inapelable umbría,
pero no con dulzor,
señera turbadora,
porque tu brusco arribo
que agosta la floresta
no es gracia ni terneza,
siempre es agonía.
Ay, señora abstracta
que los hálitos usurpas,
quién sabe de tu senda
y de tu andar esquivo,
quién sabe, hermética,
de tus rituales ambiguos
que apresan y libertan,
sólo tú, inapelable,
eres sombra vigía
que siempre llega.
Marysol Salval
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