Ciudadana del mundo, de aqui y de allá. Enamorada de la vida y agradecida de Dios. Le canto al amor en todos sus matices.







3/08/2014

Campestre noctívago


Pintura: Alex Ruiz

Mientras la ciudad duerme 
su lapso yacido y monótono,
la noche campestre es fronda aromada
bañada de estrellas y de rocío
que va escurriendo lento,
marcando cada cambio de natura.

Se la puede oír respirar profunda y libremente,
sentir cómo nos sonríe aun mientras descansa.
Es el tiempo que conmueve,
el sereno apresura el curso de la noche
y el primer gallo canta eufórico
preparando el arribo de la aurora.

La vacada despierta en los prados
y lentamente se yergue
animando sus pasos claroscuros
para rumiar el albor de la fresca hierba.

En las laderas cubiertas de rocío
las ovejas vacían el cántaro de ayuno
y se mudan luego a una nueva guarida
entre rizados helechos temblorosos
mientras los grillos alzan con sus patas
una canción porfiada de apareamiento.

La luna sacude el letargo
y apronta su huida hacia el poniente,
los ratones y conejos hambrientos
asaltan las bayas y frutos frescos
de los prósperos matorrales,
y las aves abandonan el nido
para rasar las blondas de las aguas
en búsqueda de buen sustento.

Los árboles siempre danzando
en ciclos benéficos, sacuden
su largo follaje para ofrendar más vida 
a golpe melódico y nocturno del viento.

Todo cobra vida a la intemperie,
en el campestre noctívago
mientras la ciudad duerme sus visillos cerrados,
yo me esfuerzo por contemplar tanta belleza
entre cuatro paredes umbrías
con la turbia memoria del insomnio
y los ojos nublados de nostalgia.

Marysol Salval

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