Permanecí embelesada
en el resplandor curvado
que irradiaba tu liturgia
al desprenderse del día.
Galante fue tu agasajo
mientras besabas el agua,
eras seducción dichosa
que la premura amainaba.
Amante absorto del mar,
te entregaste consumado
al requiebro de sus brazos
en la estría azul del linde.
Fue tu clímax rubí ardiente
sobre oleaje cautivo,
vespertino devaneo
de espuma, sal y gaviotas.
Y tu candil encarnado
rizó áurea la marea
trazando amorosa senda
que tibia llegó a mi orilla.

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