Pintura: Orlando Yanes
En un jardín aislado, de exultante belleza
una tórtola blanca tiene sueños de amor.
La esperanza le anima y la ilusión la embelesa,
la torcaz desvaría con su mente traviesa,
los anhelos de su alma son el firme clamor.
Sus sentires son nuevos, de cálidos arpegios,
ahora advierte susurros de amoroso adviento
de notas divinas, de ternura y sortilegios,
y es tal su turbación por los dulces florilegios
que estremecido late su corazón atento.
Pequeña, pon atención, le anuncian otras aves,
dicen que un palomo apuesto que mora a lo lejos
hacia aquí viene raudo cruzando nubes suaves.
Para merecer tu amor él posee las claves
y trae más avíos, impetuosos trebejos.
La paloma tiembla y se le ilumina la cara,
el amor que es promesa alejará la nostalgia.
La naturaleza agreste se ha vuelto más clara,
ya su alma pervive de la pasión que arrobara,
es tan noble el presagio y tan hermosa la magia.
© - Marysol Salval
2004
una tórtola blanca tiene sueños de amor.
La esperanza le anima y la ilusión la embelesa,
la torcaz desvaría con su mente traviesa,
los anhelos de su alma son el firme clamor.
Sus sentires son nuevos, de cálidos arpegios,
ahora advierte susurros de amoroso adviento
de notas divinas, de ternura y sortilegios,
y es tal su turbación por los dulces florilegios
que estremecido late su corazón atento.
Pequeña, pon atención, le anuncian otras aves,
dicen que un palomo apuesto que mora a lo lejos
hacia aquí viene raudo cruzando nubes suaves.
Para merecer tu amor él posee las claves
y trae más avíos, impetuosos trebejos.
La paloma tiembla y se le ilumina la cara,
el amor que es promesa alejará la nostalgia.
La naturaleza agreste se ha vuelto más clara,
ya su alma pervive de la pasión que arrobara,
es tan noble el presagio y tan hermosa la magia.
© - Marysol Salval
2004

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