Con alas encubiertas,
terca el ave de mis ojos
rondaba tu dominio,
no podía evadirte,
inquiría tu viril figura.
Tu rostro, amapolas
oscilantes al son del viento,
y en tu frente, un lucero,
eras sueño que adormece.
Tu voz fresca tendida
derramando al aire
un grave canturreo,
murmullo suave de olas,
caracolas en mis tímpanos.
Y tus manos,
ellas también cantaban,
potros tersos galopando,
elocuencia de mar calmo
que acaricia mi orilla
con su brisa.
Eras lámpara en tormenta…
Ecos de luz sacaron chispas
en el instante choque de tus ojos
rozando mis pupilas,
ventanas de mi existencia,
y ellas me delataron.
Entonces,
ladeaste leve la cabeza,
día festivo me otorgaste,
sonrisa franca y limpia
eclosionó en tus labios,
perfectas rosas blancas.
Flores que me inundas…
¡Qué he de hacer ahora
con todo este perfume!
¡Qué he de hacer ahora!
Mi gloria ha florecido
de pronto en tu mirada...
He quedado perpleja,
al mástil de tu puerto.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario