
Recordaba un día que paseaba con mi hija Yasury, a pie, por la orilla del lago...
Era un día cálido. A los 15 minutos de iniciada la caminata, ella se despojó de su chaqueta, y prenda en mano, siguió caminando muy ligera de ropa. Pronto salió a relucir mi instinto maternal, que me indujo a preguntarle:
¿No tienes frío, hija? - No - Repuso ella - Si tuviera frío, me pondría la chaqueta.
Yasury, que tenía entonces 21 años, ya había vivido sin mí en el Perú, estudiando en la universidad. Estaba trabajando en una empresa local de TV cable en nuestra ciudad, y le faltaba un par de meses para irse de nuevo a vivir a Perú, con el fin de hacer la práctica en un hotel para completar su carrera de Chef.
"¿No creen ustedes que si mi hija tuviera frío al caminar con la chaqueta en la mano, sería lo bastante inteligente para ponérsela? ", indudablemente que sí.
Sin embargo a mí, que soy principalmente una madre de familia, no sé qué compulsión me llevó a actuar como si hubiera creído que, si no me encargaba de evitarlo, Yasury quedaría congelada en plena mañana soleada, con la chaqueta apretada entre sus dedos yertos.
¿Existe en alguna parte donde un padre no haya entrado a la habitación donde su hijo lee muy a gusto, para decirle: " No crees que hace demasiado calor aquí"? ¿Y hay acaso una madre que no le haya recomendado a su hija, adolescente o ya adulta: " No se te olvide comer"? Si no existieran las madres para recordarle constantemente a su progenie que coma, quizá la especie se habría extinguido. Tal vez eso fue lo que les ocurrió a los dinosaurios.
Recuerdo una ocasión, hace unos 10 años, en que fui de compras con mi madre, y antes de salir del Mall, ella se volvió hacia mí, y me dijo: "¿No tienes que ir al baño?".
La naturaleza que es sabia, dota a los niños de la tolerancia necesaria para soportar tales observaciones. Ella bien sabe que, a lo largo del proceso de la paternidad, las personas que suelen ser inteligentes muestran de vez en cuando rasgos de semiidiotez.
Pero los padres y las madres tenemos un consuelo: que nuestros hijos harán otro tanto con sus propios hijos. Además, podemos usar el argumento de que nuestro papel es precisamente el de educadores y protectores. Hasta un pajarito es capaz, una y otra vez, de meterle demasiada comida en el gaznate a alguno de sus polluelos.
¿No tienes frío, hija? - No - Repuso ella - Si tuviera frío, me pondría la chaqueta.
Yasury, que tenía entonces 21 años, ya había vivido sin mí en el Perú, estudiando en la universidad. Estaba trabajando en una empresa local de TV cable en nuestra ciudad, y le faltaba un par de meses para irse de nuevo a vivir a Perú, con el fin de hacer la práctica en un hotel para completar su carrera de Chef.
"¿No creen ustedes que si mi hija tuviera frío al caminar con la chaqueta en la mano, sería lo bastante inteligente para ponérsela? ", indudablemente que sí.
Sin embargo a mí, que soy principalmente una madre de familia, no sé qué compulsión me llevó a actuar como si hubiera creído que, si no me encargaba de evitarlo, Yasury quedaría congelada en plena mañana soleada, con la chaqueta apretada entre sus dedos yertos.
¿Existe en alguna parte donde un padre no haya entrado a la habitación donde su hijo lee muy a gusto, para decirle: " No crees que hace demasiado calor aquí"? ¿Y hay acaso una madre que no le haya recomendado a su hija, adolescente o ya adulta: " No se te olvide comer"? Si no existieran las madres para recordarle constantemente a su progenie que coma, quizá la especie se habría extinguido. Tal vez eso fue lo que les ocurrió a los dinosaurios.
Recuerdo una ocasión, hace unos 10 años, en que fui de compras con mi madre, y antes de salir del Mall, ella se volvió hacia mí, y me dijo: "¿No tienes que ir al baño?".
La naturaleza que es sabia, dota a los niños de la tolerancia necesaria para soportar tales observaciones. Ella bien sabe que, a lo largo del proceso de la paternidad, las personas que suelen ser inteligentes muestran de vez en cuando rasgos de semiidiotez.
Pero los padres y las madres tenemos un consuelo: que nuestros hijos harán otro tanto con sus propios hijos. Además, podemos usar el argumento de que nuestro papel es precisamente el de educadores y protectores. Hasta un pajarito es capaz, una y otra vez, de meterle demasiada comida en el gaznate a alguno de sus polluelos.
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