Ciudadana del mundo, de aqui y de allá. Enamorada de la vida y agradecida de Dios. Le canto al amor en todos sus matices.







6/06/2008

Surmenage


La señora María?, dijo de pronto el enfermero parado en la puerta de emergencias…Si, soy yo, respondí poniéndome de pie pesadamente de la banca en que esperaba junto a mis dos hijas preocupadas. 
Di unos pasos hasta que el hombre me tomó del brazo y me hizo pasar por aquella puerta para luego acomodarme en una camilla. ¿Que te pasa, mamita? Me dijo con un tono de voz misericordioso y mirando mi rostro que lucia muy pálido y desanimado, mientras me ponía un clip en el dedo índice para reconocer mis pulsaciones y a la vez me remangaba el pijama  para ponerme el pulmoncito que debía detectar mi tensión. 
Hacia 20 minutos que había salido de mi casa muy asustada, les pedí a mis hijas que llamaran un taxi pues me sentía muy mal, creía que estaba a punto de tener un infarto. 
En aquella sala de emergencias el doctor de turno me auscultó pacientemente, me revisó el pecho, los pulmones y el estómago. Se preocupó de hacerme un examen neurológico y revisó hasta mis tobillos, ordenó un electrocardiograma y me trató con mucha dedicación. Luego, y después de revisar el informe del electro y de formularme una larga lista de preguntas relacionadas con mi trabajo y mi vida de los últimos tiempos, me dijo: Al parecer, mamita, lo que tienes es la enfermedad típica de los trabajólicos... 
¿De los trabajólicos? Pregunté muy confundida. Si, respondió: La enfermedad de los trabajólicos constituye una forma particular de la neurosis del trabajo, que puede incluso derivar en un vencimiento mortal que es el infarto de miocardio. Se trata de un conjunto de afecciones y síntomas muy diversos: digestivos, urinarios, cardiovasculares, neurovegetativos..., unidos por el mismo vínculo: el de la ansiedad más o menos consciente. Enfermedad que afecta casi exclusivamente a aquellos que ejercen una profesión que requiere, además de un "surmenage" físico y grandes esfuerzos psíquicos, un compromiso excesivo de su responsabilidad. 
¡Dios mío! dije, no sin antes mostrar mi molestia por ese diagnostico, jamás había escuchado hablar de esa enfermedad…. Creo, doctor, que usted me esta tomando el pelo.
Yo solo sé que el nivel de estrés que estas padeciendo, te tiene al borde de un grave surmenage. Parece broma, mamita, pero no lo es. Así que te ordeno descanso absoluto, nada de preocupaciones ni responsabilidades, unos días de cama, y mejor si no enciendes el televisor y mucho menos el computador. Tomarás un medicamento para el vértigo, otro como relajante muscular y una pastillita para dormir, y si no sigues mis instrucciones seguramente te tendré muy pronto de nuevo por aquí y más enferma que ahora. ¿He sido claro? Me respondió muy serio. 
Después de eso, amigos, comprenderán que estoy siguiendo las instrucciones del médico, aunque me muero de curiosidad por investigar sobre la enfermedad en cuestión, cosa que seguramente haré cuando me levante de la cama. No puedo dejar de pensar que el doc me jugó una bromita.

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