Pintura: William-Adolphe Bouguereau (Francia)
Cuando me pierdo en mí misma
hallo surcos hondos en el alma,
hendiduras vetustas,
más yo me desentiendo.
Cuando el pasado aparece
¡Ay, con su aspecto engañoso!
Profundo como un zafiro
se engasta con fuerza a la memoria
y titila improvisado, súbito
en alguna sonrisa peregrina,
aquella que sin darme cuenta
me parece estar viendo
en casi todas las bocas,
más yo me desentiendo.
más yo me desentiendo.
Cuando el pasado aparece
es mejor que fuese suave,
es mejor que fuese suave,
distante, casi caricia,
tan lozano y chispeante
como la muchacha que fui,
para observar de soslayo
sin pretender escudriñar
porque eso ya se torna
asunto arduo, de mayores.
Ella va a cultivar los cauces
y a recoger trigo y girasoles,
ríe ante límpidos cielos
al son del vuelo grácil
de rápidos picaflores.
Luego vuelve extenuada
de aquella labor gozosa
y se duerme alegre a mis pies,
a la luz de nuevas auroras.
Cuando me pierdo en mí misma
hallo surcos hondos en el alma
más yo me desentiendo,
la muchacha que fui
y que terca vive en mí
piadosa los va labrando,
piadosa los va labrando,
los va cerrando a cal y canto.

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