
No dejaré nada,
aunque he luchado muchísimos caminos,
pero como suele ocurrir
en todas las batallas extenuadas y absurdas,
dependí del flanco en el que estuve,
dependí del flanco en el que estuve,
pocas veces gané y mucho más cedí.
No dejaré nada,
aunque hubo mucho al alcance de mi mano,
más de tanto haber tenido, abierta siempre estuvo
a la bendita caridad y al desprendimiento,
a la bendita caridad y al desprendimiento,
quedará sólo entre las líneas agoreras del destino
(aquellas que mi madre no leía
por infaustas, inconclusas, ella decía)
en la palma de mi mano,
un terrón de barro que quizá también se pierda,
un terrón de barro que quizá también se pierda,
mis sencillas y francas poesías.
No dejaré nada,
no supe contender las ambiciones,
no supe contender las ambiciones,
apenas unas cuantas cosas obsoletas
que estorban en casa que no es mía,
y en el placard, resecos mis dibujos y atavíos,
vivos sueños, ahora telarañas moribundas.
Quizá esa sea una máxima victoria,
pasar por esta vida casi a hurtadillas,
sin agitar las aguas y sin molestar las piedras,
sin agitar las aguas y sin molestar las piedras,
simple y desprovista, igual al paso leve
que arrastran en las ramas las orugas.
que arrastran en las ramas las orugas.
Más, llevaré conmigo algo
que me ha valido la pena en esta pobre travesía,
en mi pecho, estivales, las alas de blancas alevillas
y en mis labios, perennes, los nombres de los míos.
Marysol Salval
Marysol Salval
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