Una vez que hayas llorado, abre bien grande los ojos
y pósalos sobre un paisaje preferentemente azul;
gira rápidamente la cabeza hacia ambos lados
de manera tal que tus ojos se vacíen de agua,
ten cuidado con salpicar demasiado,
luego quita todo rastro de humedad de tus mejillas.
Las lágrimas son sólo visitantes pasajeras,
una vez que hacen su labor, se retiran aliviadas.
ya verás cómo la última lágrima furtiva
se convierte en perla que va cuajando serena.
Marysol Salval
Marysol Salval

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