La vi a lo lejos, era una niña mágica, mística,
muy distinta a cuantas yo hubiere conocido.
muy distinta a cuantas yo hubiere conocido.
Todo era extraño y fascinante en aquel paisaje,
conmovedor, virtuosamente onírico.
Ella corrió hacia mí en silencio por el sendero
y se detuvo en la cornisa de mi estancia,
pidió mi mano, mas yo titubeé.
conmovedor, virtuosamente onírico.
Ella corrió hacia mí en silencio por el sendero
y se detuvo en la cornisa de mi estancia,
pidió mi mano, mas yo titubeé.
No temas, dijo entonces, sonriendo,
si prestas atención, escucharás la música.
si prestas atención, escucharás la música.
Traté de concentrarme con el deseo de oír,
pero el ruido de mi turbación lo impedía.
pero el ruido de mi turbación lo impedía.
Toma mi mano, insistió la pequeña,
y al hacerlo, en dulce sortilegio me envolvió
un murmullo afinado de viento entre las flores,
el batir alado de armónicos pájaros,
y al hacerlo, en dulce sortilegio me envolvió
un murmullo afinado de viento entre las flores,
el batir alado de armónicos pájaros,
una cascada fresca cantando sobre las piedras.
Ya nada me pareció imposible cuando reí
al compás de esas maravillosas melodías.
al compás de esas maravillosas melodías.
Si aquello era como un sueño,
quise seguir ensoñando para siempre.
quise seguir ensoñando para siempre.
Desde entonces la pequeña me acompaña,
tomadas de mano, marchamos juntas
por todos los caminos.
por todos los caminos.
Marysol Salval

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