No persuadan a ellos
de frutas prohibidas,
una mordida les basta
para tragarse el edén
con todo su pecado.
Una mordida crujiente
sobre la encarnada piel
es bastante a sus bocas
para habitar un cielo
y justificar la bruma
de todas las condenas.
No le hablen a ellos
de herejías rebeldes
ni censuras impuras
si la conjunción sedienta
de su eros tiene sabor
a acerbo azucarado
y perfume de paraíso.
La primera mordida
les sobra para entender
el milagro anhelante
que vibra toda la creación.
Fruto maduro, rojo,
terso y concupiscente,
manzana fragante
para bien o para mal,
para bien o para mal,
una sola mordida
basta para los dos.
Marysol Salval
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