Pintura: Nicoleta Tomas (España)

Sucede que en el pardo intenso
y hondo de tus ojos me hallé,
insólito augurio luminoso de recuerdos
que me condujo ineludible a ti.
Así me vi recorriendo recobrados cielos
por senderos de olores verdes y foráneos
que entretejen los pinares de tus campos
para acabar rendida respirando el ansia
entre tus brazos, enredados nuestros cantos.
entre tus brazos, enredados nuestros cantos.
No te dejaré marchar, musitaste a mi oído
en tanto tu mano firme me caminaba la piel
acostados sobre el lecho anochecido de tu cuarto.
Me tomaron tus besos y se cortó mi aliento,
me desnudé para boyarte libre
buscando anclar en playas blanquecinas
con el ímpetu y la mansedumbre
de un mar rumoroso y calmo,
una y otra vez al ritmo de un oleaje que mecía
muchos años de postergada entrega.
El gozo debutó entre nosotros
mientras yo recorría tu pecho húmedo
dibujando con los labios un teorema de amor
complacida en permanecer a tu lado
apretujada contra tu piel, abandonada al registro
amante e intuitivo de tu margen.
¡Si no hubieran vuelto las distancias pretéritas,
si no se hubieran reencontrado nuestras miradas
sellando nuestros labios tras tanta vida a las espaldas,
si ni las sedientas ganas de querer y dejarse amar,
si esto no hubiera jamás sucedido!
El existir sólo tendría un devenir tedioso y sombrío.
Por todo cuanto allí fue he de volver a ti,
a la orilla de este sentir fecundo
a compartir contigo
tanto cuanto en ella fluye y sedimenta.
a la orilla de este sentir fecundo
a compartir contigo
tanto cuanto en ella fluye y sedimenta.
Suspendida en la esperanza impostergable
habré de llegar otra vez a tu paisaje
a emboscarme en ti para siempre
y ya no hará falta nada más.
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