Dedicado a los 43 jóvenes
normalistas desaparecidos en México.
a aquellos tallos florecientes,
jóvenes almas esperanzadas.
En una pira gigantesca
el exterminio abrió sus fauces
de llamas feroces y llantos febriles.
Ay, y el quejido de sus madres
que se escucha en el viento,
desde Ayotzinapa nos clama.
Y el dolor se empuña, se atraganta
y es ceniza y polvo de sus hijos
que ennegrece las lágrimas.
Dónde se han ido
cuarenta y tres muchachos
de espíritus prósperos.
Dónde están sus ilusiones
con sus trinos de pájaros
y sus vuelos libres y albos.
Dónde están, gorriones
sus aleteos felices
arrasados sus nidos.
Dónde están, gorriones
sus aleteos felices
arrasados sus nidos.
Porque la justicia
se viste de injusticia
elevan los poetas sus voces.
Porque nunca perderemos
sus rostros frescos, sus pasos
ágiles, sus ojos ávidos.
Mártires mejicanos
destrozados, desaparecidos
pero nunca olvidados.
Marysol Salval
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