En estos últimos días, en tu lecho,
te hemos visto lidiando una batalla,
valiente, desatando los últimos nudos
opresivos ya, de tu longeva existencia.
Y en esas horas tan cercanas a tu muerte,
en esta vorágine y ventisca de la vida
que inflexible y rápida nos lleva,
una pausa hicimos, tus afectos,
tu familia, para pensar sólo en ti,
porque en la calma es cuando se sienten
de verdad a los seres que se quieren.
Así es como nos detuvimos,
para acompañarte en tu lucha postrera
desbordados, emoción y pensamiento.
Ahora que tu temple venció a la vida
has encumbrado un vuelo ineludible
y nosotros, los que aquí quedamos todavía
te despedimos con amor,
con pañuelos blancos en las manos
deseando que este nuevo trayecto
que emprendes solitario
sea azul en un cosmos plácido y sereno.
Nadie a ciencia cierta puede asegurarlo
¡Sería un hecho maravilloso!
pero quizá algún día, en otro plano
volvamos alegres a encontrarnos.
Cada quien, a su aire, preservará de ti
entrañable, las huellas que dejaste
ciertamente fecundas y hondas
en las arenas del alma.
¡Buen viaje, tío querido!
Marysol Salval
No hay comentarios.:
Publicar un comentario