Hoy alguien me habló de cómo la interacción con los robots comienza a formar parte de la vida cotidiana. Intentaba convencerme de que en todas las épocas los seres humanos nos
hemos enredado infructuosamente en las relaciones con otros, y que los malentendidos y
desencuentros siempre han sido un problema. Habría entonces que comenzar a considerar el vivir junto a un companion bot que no nos haga problemas, pueda entretenernos,
cuidarnos, e inclusive, proveernos de alguna forma de amor.
Me contó que existe actualmente una generación de sexbots atendiendo las preferencias y los aspectos
emocionales de ciertos consumidores, combinando elementos que incluyen la
ternura y la sensualidad. Una idea que parece salida de un libro de ciencia ficción pero que es ya una realidad. La idea de imaginarme en los brazos de un androide me causó gracia y surgió un poema reflejo de esta charla.
Vivir con alegría no hace más que aumentar vida a los años.
Vivir con alegría no hace más que aumentar vida a los años.
tiene engranaje mecánico
que ha sido perfeccionado,
es un romance robótico
de ensamblaje cinemático.
.
Para ti fui diseñada,
de eso no tengas dudas,
hidráulico y rotatorio
mi chasis evolucionado
es tecnología de punta.
.
Mi corazón de metal
reprogramable no es,
cartesiano y rectilíneo
ejerce con dinamismo
repetibilidad por ti.
.
La entrada y la salida
de mi caja de comandos
tiene la medida justa
vertical o transversal
a tu fuente de poder.
.
Así que, mi bello androide,
deja las dudas a un lado,
activa tu operatibilidad
y no te hagas de rogar,
anexa tu electromagnética
a mi software sensorial
y ejecutemos la felicidad.
Marysol Salval
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