Volveré a ser bosque
ahora que todavía
me queda algo de tiempo,
ahora que ya he conocido
todos los grises y negros
de la humareda y del cemento,
obra contaminada del hombre.
Volveré con mi andar pausado,
los bolsillos desnudos
y mis manos desprovistas,
pero con el corazón ávido
de tanto anhelar su pureza.
Allá pervive la Madre tierra,
la que se perpetúa a sí misma
y que nos sobrevivirá.
Me cobijaré de nuevo
en su seno y junto al Creador
me cuidarán los dos como antes,
ellos son mi arquetipo y paradigma,
ellos son mi arquetipo y paradigma,
lejos de egoísmos y egolatrías,
de la fantasía de santos dioses
encartonados y coloridos.
Allí me espera la verdadera vida
que se quedó dormida
tan paciente bajo los pinares
aguardando mi regreso.
Volveré a la natura generosa,
bálsamo de tristezas viejas,
esperanza y claridad
de amor y paz venideros.
El frío y la borrasca
ahuyentarán mis penas,
beberé de las claras vertientes,
aprenderé de los árboles sabios
y escucharé a los pájaros narrar
la razón de mi existencia.
Buscaré allí otra vez mi lugar,
el nidal donde morará mi espíritu
para siempre, entre la hojarasca
y los arroyos limpios del bello forestal.
Marysol Salval
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