EL GRITO, DE EDVARD MUNCH
Aun puedo vislumbrar el dolor
que atenaza mi cuerpo,
noches y días sin tiempo.
He perdido todo, sometido
a aterradoras torturas barbáricas
y mi dignidad de pronto cae,
c
a
e
en el mar de la inconsciencia.
Un AULLIDO despierta mi garganta,
en ninguna parte se escucha.
Desesperanza en-gruta mi alma.
Vorágine desatada, terror arrinconado,
saco de huesos y carne putrefacta
sobre charco negro de humilladas miserias.
El caos sobrevive, infinitos tormentos, inimaginables,
ya no se oyen voces humanas,
es la jungla, sólo presas y despiadadas bestias.
Marysol Salval
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