Pintura: Alejandra Verónica Zúñiga
Poco a poco fue anclando
como barcaza clara,
distendiéndose suave
para abarcarlo todo,
abrazando entrañable
cada holgura, despacio,
con su vestidura alba,
mientras que yo abatida
solamente observaba
su devenir tan diáfano.
Era estela infinita
su perfil fulgurante,
un resplandor festivo,
una pureza ungida,
parecía un arpegio
su derroche de magia,
quizás fuera una sílfide
agraciada y volátil
o una espléndida musa
melódica rapsoda.
Sólo sé que apacible
aquel haz refulgente
poco a poco fue anclando
como barcaza clara,
con su don envolvente
y su fulgor risueño,
encantado y sereno
fue embriagando mi mente
y pintando de blanco
la penumbra en mi estancia.
como barcaza clara,
distendiéndose suave
para abarcarlo todo,
abrazando entrañable
cada holgura, despacio,
con su vestidura alba,
mientras que yo abatida
solamente observaba
su devenir tan diáfano.
Era estela infinita
su perfil fulgurante,
un resplandor festivo,
una pureza ungida,
parecía un arpegio
su derroche de magia,
quizás fuera una sílfide
agraciada y volátil
o una espléndida musa
melódica rapsoda.
Sólo sé que apacible
aquel haz refulgente
poco a poco fue anclando
como barcaza clara,
con su don envolvente
y su fulgor risueño,
encantado y sereno
fue embriagando mi mente
y pintando de blanco
la penumbra en mi estancia.
© - Marysol Salval
No hay comentarios.:
Publicar un comentario