Distante ve el horizonte
el hombre que sueña libertad,
y se queda escuchando, en silencio,
el crujir de sus sueños
que es canción que se rompe
entre las olas del azul mar.
Escribe una y otra vez el pentagrama
en un libro, y lo deja abierto
sobre las rocas, careando el oleaje
con voz alzada que clama
para que las notas tendidas en él
saluden la lejanía y la atraiga,
y sea augurio y refugio
de una realidad que anhela.
Libertad en la otra orilla,
más luminosa aún que la palabra,
flor de vida y tiempo renovado,
amanecer florido que fecunda,
sueño que viste la desnuda arena.
Y ahí se hiciere el prodigio,
encaje blanco sobre las aguas
derramándose en la ribera
con ese ir y venir que desteje banderas
y construye una Patria…
Una Patria entera y nueva.
© - Marysol Salval

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