Volví a verte, amado,
llegando en la leyenda grácil
de un gastado y perdido sepia,
estrella tras la afligida línea
postrera que yace en lontananza.
Recordé el follaje fresco,
vital, de
tus ojos esmeralda
y tus gentiles manos firmes,
gaviotas amorosas y lozanas
que guarecieron mis dedos.
Recordé al mirarte,
el tintinear de las argentadas
que alababan festivas nuestro amor
asentado en la venia del cielo,
y los lirios blancos danzando cándidos
en el tallo de un sueño prometido.
Han pasado tantos años
y al volver a verte,
mi pupila dormida en tu imagen
fue de nuevo brutal borrasca,
desgarro empapado de recuerdos,
una historia inconclusa, colgada
en jirones desde la impiedad
inconsciente, ausencia inesperada
y súbita, cruel
adiós en muerte torva.
Volveré a verte, lo sé,
es sentencia divina que marcó
mi suerte en esta vida,
subsistes eterno en mí, apartado
del empírico mundo, ignorando
la continua sucesión
del tiempo,
sostenido en el andamio íntimo
del puente tendido que unió
para siempre nuestras almas.
© - Marysol Salval

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