
En estos días fríos de invierno, me encanta encender la chimenea de mi casa, y disfrutar del calor que generosamente me ofrece. El ser humano siempre se ha maravillado ante el fuego. Los antiguos lo consideraban casi sobrenatural y creían que alguno de sus ancestros, como Prometeo, se lo había robado a los dioses.
Personalmente, me acerco a él casi con una especie de devoción religiosa, elijo la madera cuidadosamente y la acomodo en la hoguera siguiendo ciertas reglas. Busco primero un par de troncos firmes y medios verdes para que ardan con lentitud y sirvan de apoyo a otros maderos a lo largo de la noche. Luego pongo un poco de broza sobre hojas de papel de periódico arrugado o sobre virutas de pino. El remate es una pirámide de troncos bien equilibrada, lista para empezar a arder. Es para mi una ceremonia tan estricta que no permito ninguna intromisión.
El fuego ejerce sobre mi mente un poder poco común. Es un fuerte estímulo para los sueños y la poesía, dos cosas que me hacen muy humana. El fuego me libera del yugo de los sucesos cotidianos y abre las puertas al sentimiento. Observo las brasas, donde las flamas se tornan azules por momentos y la madera se transforma mágicamente en luz y humo. Mis párpados empiezan a pesarme mientras contemplo la translucidez pulsátil de las brasas aterciopeladas.
El calor de una buena hoguera es notablemente parecido al calor del amor, y me hace pensar en los vínculos que me unen a mis semejantes. Ante el resplandor del fuego resulta difícil ser crítica o indiferente pues creo que las fogatas se hicieron para el romance, para la amistad, para las charlas y las canciones. Fue en torno al fuego donde la familia se formó y donde el ser humano perfeccionó el lenguaje, compuso cantos y exploró los misterios. Y fue allí donde nuestros ancestros ofrecieron sacrificios a sus dioses.
El fuego nunca dejará de fascinar a aquellos de nosotros que nos sumergimos en la contemplación de su resplandor y que encontramos en la danza de las llamas la renovación de nuestra fe en la raza humana.
23 comentarios:
Ami en lo particular me encanta estar cerca de el en una linda fogaa el calor que nos da..me encanta vewr su llama me facina ..un beso me gusto regresare y mil gracias por su visita...nancy fabiola
Hola Marysol!
En mi tierra ahora es verano. Aún así y a pesar de vivir cerca del Mar Meditarráneo, el fuego tiene para nosotros una trascendencia y un simbolismo que se equipara al de las aguas. Esto se refleja en las tradicionales Fallas de Valencia y las Hogueras de San Juan en Alicante -de las que probablemente habrás oido hblar- donde el fuego es su principal protagonista. El fuego como elemento purificante junto con el agua. Ambos eternos antagonistas, que garantizan que en la naturaleza siempre hay equilibrio.
Un abrazo
Marysol:
Me encanta estar al lado de la chimena encendida con grandes troncos que dan intenso calor.
El fuego purificador de malos augurios, de malos sentimientos, de miedos y frustraciones. El fuego puede descomponer los más grandes barcos, edicicios, torres metálicas, pero la costra de nuestro corazón la debemos descomponer nosotros con nuestra fe, con nuestra oración, con nuestra meditación.
La visión del fuego de la chimenea me trae recuerdos de las hogueras de san Juan, cuando era un niño.
Era todo un rito, el desplazarnos a la montaña a recoger las ahulagas y material para quemar.
El ver arder todos los trastos viejos que se habían ido acumulando durante todo el año.
Esto también tenía una simbología de renovación, de no estancamiento. Hasta aprovechábamos para asar las piñas de maíz. Era todo una fiesta popular.
Un abrazo afectuoso.
Mil gracias por comentar en mi cuchitril, Fue un exquisito placer leer que eras del sur, eso porque es la zona de nuestro país que más amo.
Tienes un lugar muy acogedor aquí, un bello lugar con hermosos textos.
Volveré.
Dejo mis saludos.
Un fortísimo abrazo.
Me gustaría añadir algo, pero no puedo.Lo has dicho todo y bien.¿Qué más se puede pedir?
Felicidades
Descubrí éste espacio gracias a Patricia. Un rincón de mucha calma, paz y tranquilidad.
Espero seguir viniendo de visita.
Un abrazo
Yo recuerdo que cuando niño, me quedaba mirando fijamente el baile del fuego. Su movimiento grácil y femenino, como tambien sus cambios de tonalidades, del rojo al azul y luego del naranja al amarillo. Todo era tan hipnótico.
Gracias por la visita, nos leemos.
Hola, he descubierto este blog de casualidad porque he visto tu comentario en el blog de Merce y me he animado a entrar.
Yo también soy del Sur de España, donde el fuego tiene un significado especial.
En la Noche de San Juan (víspera del 23 al 24 de Junio) la gente se reúne en la playa frente a una fogata y queman un muñeco simbólico al que llaman "Júa", que simboliza el ahuyentar los malos espíritus. El nombre, aparentemente es la corrupción del nombre "Judas.
Saludos desde Málaga, España
Nancy: Què bueno que como yo, disfrutas de la magia del fuego. Ojalá sigan habiendo muchas fogatas de inspiración en tu vida.
Merce: el fuego y el agua, tan opuestos y a la vez complementarios, símbolos del equilibrio de la vida. Un abrazo, y gracias por venir.
Estimado Juan: Que maravilla haber disfrutado de esas fiestas que me cuentas. que los recuerdos hermosos nunca abandonen tu corazón. Un abrazo
Patricia: Es un enorme placer tenerte en mi orilla. Feliz estaré de volvernos a encontrar y disfrutar de tus hermosas fotografías.
Cariños
Hola Jusamawi: Es una alegría leerte. Muchas gracias por tus palabras y por estar.
Un abrazo
Hola Jan Puerta: Eres cordialmente bienvenido para cuando lo desees. Estás en tu casa.
Te devolveré la visita.
Cariños
Hola Rampael: Me gustaría mucho algún día disfrutar de esas fogatas en la playa. Éstoy segura que es una experiencia mágica. Bienvenido y seguimos en contacto.
que te lleguen mis saludos hasta tu hermosa Málaga.
Hace frrrrio, estoy al lado de una estufa eléctrica, pero su calor es plástico, casi ficticio. Cuando comienzo a sentir un frío interior que parece inundarme, busco el calor de las letras que salen tibias, tímidas y se convierten luego en una hoguera de pensamientos, el calor comienza a inundarme y entonces ya no tengo más frío.
que lindo, cuantas cosas construye nuestra mente perdiendose en la danza de las llamas...
fue hermoso tu relato, fue hermoso retrotraer la memoria a algunos fuegos...
te dejo mi saludo y mi abrazo con el corazon de cada dia...
deseo que brillen las estrellas de tu noche...
Hola Juan: que bonito que compares la danza de las llamas con los movimientos femeninos, graciles y atrayentes. Gracias por venir.
Gastón: Tienes mucha razón, escribir entibia el corazón y el cuerpo. Ya estoy esperando tu próxima entrada, me gusta mucho como escribes.
Un abrazo
Hola, Maga, feliz de verte, y que el calor de la hoguera de nuestra amistad dure por siempre.
Besitos
por siempre amiga... por algo nos cruzamos en este camino ...
hasta mañana!!!
que lindo que escribes...me ha encantado leer un poco de tu mundo
te dejo un saludo grande desde argentina
hasta pronto
adios
Psoriasis: Mucho gusto en conocerte y muchas gracias por vivitar mi blog. Fui a tu página, y es muy interesante, sobre todo por la ayuda que ofrece. Un abrazo, y las puertas están abiertas para cuando desees volver.
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