
Gabriela
Con un bolso de sueños te marchaste,
y una maleta de ilusiones,
en tu espalda, una mochila de vivencias
algunas tristes y dolorosas,
pero en el pecho, una flor
Con un bolso de sueños te marchaste,
y una maleta de ilusiones,
en tu espalda, una mochila de vivencias
algunas tristes y dolorosas,
pero en el pecho, una flor
henchida de esperanza.
Entristecida, nostálgica, te fuiste,
pero aguerrida, serena,
decidida y resuelta,
sintiéndote planta con las raíces al viento.
Allá lejos, secarás tus lágrimas,
apretarás los puños,
mirarás adelante para volver a la lucha,
porque eres valiente, hija, como pocas,
heredera del coraje de aquellos abuelos
que un día vinieron de lejos
en busca de lo mismo que tú ansías hallar.
Te fuiste por un camino que espero algún día
yo pueda descubrir en tu búsqueda.
Navegas por un manantial
que cuando la sed me embargue
y quiera alcanzar sus aguas,
temo quedarme en sequedad...
Vuelas sobre nubes nómadas que sólo tú conoces,
sabes adonde emigras, la razón que te impulsa,
y qué horizonte te da la fuerza.
¡Ay! que heredaste costumbre inmigrante
y he de inventarme la manera
de convivir con tu ausencia.
Pese a eso y al dolor irrevocable
que me causa no verte,
fortalezco mi espíritu
con la fe que me sostiene y te digo,
hija, creo en ti firmemente,
y la llama se enciende enriquecida
pues te sabré feliz allá donde te encuentres,
más grande, más hermosa, más completa,
con le anhelo de que la vida te de lo suficiente.
y la llama se enciende enriquecida
pues te sabré feliz allá donde te encuentres,
más grande, más hermosa, más completa,
con le anhelo de que la vida te de lo suficiente.
Llueve hoy en mí y tal vez en ti mañana,
pero sé que pronto el sol brillará para ambas.
Te ama, tu madre.
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