
Una pequeña mariposa que no sabía usar sus alas
escondida en su crisálida, solita, triste y resignada
se quedaba mirando como volaban otras mariposas.
De pronto pasó el señor viento tan elegante y muy formal,
compasivo y amigable vio sufrir fuerte a la pequeña,
entonces, amable, detuvo el paso y a ella quiso ayudar.
Con una voz suave surrurante y con caricias amorosas
poco a poco fue rasgando la tela gris de la crisálida
y animando a la mariposa, pudo librarla de su mal.
Bastó un pequeño suspiro para agitarle raudo las alas,
luego la sujetó entre sus brazos y la meció dulcemente,
bellas y cadenciosas notas jugaron entre sus pliegues.
¡Qué alegría y sensación tan grande! afirmó la mariposa,
¡Podré ahora, por fin, volar libremente! exclamó jubilosa.
¡No me sueltes, señor viento, tienes tú la fuerza que me sostiene!
Sigue, sigue cantando a mi oído, que el aliento de tu voz
es el poder de mis alas, eres la magia primorosa
que ha podido librarme de mi cárcel triste y tormentosa.
Ahora puedo elevarme feliz hacia el azul de los cielos,
volar alto, entre la copa del árbol y sobre el río fiero,
y puedo también libar la ambrosía fresca de las flores.
Desde ese día, mariposa y viento tomados de la mano
van danzando libres, entonando bellas melodías,
juntos van disfrutando de la amistad, en paz y armonía.
escondida en su crisálida, solita, triste y resignada
se quedaba mirando como volaban otras mariposas.
De pronto pasó el señor viento tan elegante y muy formal,
compasivo y amigable vio sufrir fuerte a la pequeña,
entonces, amable, detuvo el paso y a ella quiso ayudar.
Con una voz suave surrurante y con caricias amorosas
poco a poco fue rasgando la tela gris de la crisálida
y animando a la mariposa, pudo librarla de su mal.
Bastó un pequeño suspiro para agitarle raudo las alas,
luego la sujetó entre sus brazos y la meció dulcemente,
bellas y cadenciosas notas jugaron entre sus pliegues.
¡Qué alegría y sensación tan grande! afirmó la mariposa,
¡Podré ahora, por fin, volar libremente! exclamó jubilosa.
¡No me sueltes, señor viento, tienes tú la fuerza que me sostiene!
Sigue, sigue cantando a mi oído, que el aliento de tu voz
es el poder de mis alas, eres la magia primorosa
que ha podido librarme de mi cárcel triste y tormentosa.
Ahora puedo elevarme feliz hacia el azul de los cielos,
volar alto, entre la copa del árbol y sobre el río fiero,
y puedo también libar la ambrosía fresca de las flores.
Desde ese día, mariposa y viento tomados de la mano
van danzando libres, entonando bellas melodías,
juntos van disfrutando de la amistad, en paz y armonía.
Marysol Salval
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